Provinciano III

Como si de repente se alumbrase la muerte
como para animar la pesadez de mi suerte
vienen a mi memoria tantos mudos recuerdos
viejos momentos que encierran toda la verdad.
Vine a la capital cuando era sólo un chibolo
mi padre nos trajo dejándolo todo
hicimos nuestra choza en medio del arenal
y desde pequeño tuve que ir a chambear.
Fui perdiendo el color rosado de mis mejillas
poco a poquito se pudrió la semilla
el cóndor que volaba sobre mi corazón
en gallinazo se transformó.

Dejé mi casa, dejé el colegio
y en estas calles me hice un pendejo
pero que tal pendejo, que tal malandrín
que tal pirañita en que me convertí.
Miembro honorario de las barras bravas
a punta de chavetazos me gané la fama
nadie dudaba de mi reputación
ya la policía conocía al hampón.
Formé mi banda éramos seis
muy pronto nos dimos a conocer
de traficantes o de secuestradores
esta ciudad la tenía a mis pies.

Maldito el día en que llegué a esta ciudad
maldita la miseria que me trajo acá
que porquería morir pidiéndote perdón
cuando toda la vida me cagué en tu amor
llega al pincho, pero muero en mi ley
es muy triste mi final.
¡Qué triste! ¡qué triste! ¡qué triste mi final!
Fui el señor de la juerga y del bacanal
hasta que una ramera me contagio el Sida
¡qué triste! ¡qué triste! ¡qué triste mi final!